Ciencia Ficción·Libros

Binti – Nnedi Okonafor

Binti Nnedi okoraforHacía mucho tiempo que tenía Binti en pendientes. No me animé a leerlo porque, por algún motivo, la primera página con la que me encontré es justo la del inicio de cierto momento que nadie se espera y me sentí absolutamente perdida. En plan: ¿de qué demonios va este libro?

Ese es el motivo por el que hay que empezar a leer los libros desde el principio y no dedicarte a pasar páginas y leer aleatoriamente. Más allá de los spoilers, es posible que te sientas desconectado/a de la historia.

Dicho esto, cuando sí que  me puse con el libro, me lo acabé en unas horas, durante una lectura nocturna previa a dormir. Es un libro cortito, de unas cien páginas, que se lee con bastante soltura.

Y, sin embbargo, trata temas muy complejos en muy pocas escenas. Cuestiones como la sensación de pertenencia, los prejuicios sociales y culturales, el precio del desarrollo individual o el miedo a la desconexión son temas constantes del libro. Ese es el motivo por el que Binti resulta un libro tan íntimo, por así decirlo.

En todo momento seguimos las líneas de pensamiento y sentimientos de la protagonista, Binti – su norme es muy largo y no voy a reproducirlo, pero me pareció un detalle precioso -, de modo que es una historia muy personal y cargada de subjetividad. Y es percisamente eso lo que creo que le da el toque que necesitaba.

A nivel tecnológico esta historia no se adentra demasiado en detalles. Sí que presenta cuestiones básicas como la alimentación y limpieza del aire en naves espaciales – que, por cierto, en este universo están vivas, lo que las convierte en una de mis nuevas cosas favoritas dentro de la ciencia ficción -, pero da por hecho elementos tecnológicos como los astrolabios. No son los astrolabios propios del mundo musulmán de la edad media. Son aparatos hipertecnológicos de los que no se nos cuenta demasiado.

Pero esta carencia de detalle a nivel “científico” no amputa nada a la narración en absoluto. Al contrario, en mi opinión la convierte en algo más orgánico, donde la protagonista no se  molesta demasiado en dar explicaciones al lector sobre su entorno a un nivel general, sino sobre su espiritualidad, creencias y cultura. Binti proviene de uno de los grupos sociales más herméticos y ricos a nivel cultural que se ven en la historia y es precisamente eso  lo que le da sentido a que Nnedi Okorafor se centre tanto en la arcilla roja de su tierra y no en el desarrollo y uso de los astrolabios hipertecnológicos.

Binti se ve obligada a abandonar su cultura y sus raíces, así como su casa y su familia, para poder perseguir su sueño de aprender en una universidad espacial lejos de su hogar. Y no se trata únicamente de irse durante un tiempo y regresar – como nos ha podido ocurrir a muchos estudiantes univesitarios – sino de abandonar ese hogar, pues sus padres y su grupo cultural no ven con buenos ojos a los forasteros o a aquellos que abandonan el planeta.

De este modo, desde el inicio de la novela nos vemos enfrentados a los problemas emocionales que Binti ha de superar para seguir su desarrollo como individuo independiente. Ama su familia, su cultura, la tierra sobre la que caminaba… no es una cuestión de haberse cansado o de no sentirse integrada: es una cuestión de buscar un camino diferente a pesar de amar lo que ya conoce y saber que ha de renunciar a ello.

Es evidente que guarda la esperanza de poder volver algún día, pero es consciente desde el comienzo de que lo que está haciendo “está mal” y, de hecho, escapa de su casa durante la noche, sin despedirse de nadie.

Esta “culpa” o sensación de haber abandonado aquello que aún ama acompaña a Binti durante toda la historia y se va desarrollando y volviendo distinta o más profunda según se desarrolla la trama. No puedo hablar de lo que consideré un punto clave en el desarrollo de Binti sin hacer unos spoilers impedonables – tiene cien páginas y siento  que sería matar el libro -, pero sí puedo decir que este libro está muy bien escrito.

Puedes indentificarte con Binti a muchos niveles, aunque no te haya tocado vivir exactamente el tipo de discriminación o separación que ella tiene que vivir – no soy una persona de color y no he podido vivir ciertas experiencias que ella refleja a la perfección. Es muy humana, a pesar de que su entorno sea diferente al nuestro.

Por todo ello, disfruté mucho de Binti. Nnedi Okorafor hace un trabajo magistral, teniendo en cuenta que es una novela muy corta donde se habla de muchas cosas. No es la clásica novela épica llena de información científica o descripción tecnológica: si eso es lo que te gusta, este no es tu libro.

Pero si lo que te llama es profundizar en la contradicción que puede llegar a generase entre las tradiciones y culturas humanas y el desarrollo tecnológico, así como entre la comunidad y el individuo en una sociedad cada vez más individualista pero interconectada, creo que Binti te gustará.

Yo me he apuntado ya Binti: Hogar en mi lista de pendientes y es posible que también me anime a hacerme con el tercero – creo que no lo he dicho antes, pero Okorafor ha escrito ya una trilogía sobre esta protagonista, siendo la novela más larga la tercera, que ronda las doscientas páginas. Es una trilogía que ya ha sido concluida, además.

Si os animáis a darle una oportunidad, me gustaría conocer vuestra opinión y siempre estoy abierta a que alguien me lleve la contraria. ¡Nos leemos!

P.D.: yo leí la traducción de Carla Bataller Estruch y la recomiendo encarecidamente.

Libros

Cranford – Elisabeth Gaskell

CranfordGaskellSi algo puedo admitirle al Victober es que me enganchó, un poquito, a Elisabeth Gaskell – supongo que otros autores victorianos podrán recibir mis atenciones en el futuro, pero por ahora, aquí estamos.

Poco después de terminar Norte y sur, decidí comprarme un pack con tres DVDs de las series originales de la BBC basadas en dicho libro, en Cranford y en Esposas e hijas. En el momento me pareció una brillante idea, pero cuando llegó me di cuenta de que  no podía ver las series antes de leer los libros – pues disfrutaba de Gaskell, y no quería estropearme sus novelas.

Este motivo, así como el hecho de que disfruto leyendo a esta autora, me animó a leer Cranford y asumo que me llevará a leer Esposas e hijas; así que mantenéos al tanto de mis entradas si esto os interesa. Si no, en el futuro caerá algún otro libro más contemporáneo y plausiblemente fantástico o de ciencia ficción, como es mi costumbre.

Sin embargo, disfruté enormemente de Cranford pese a ser una novela de vida cotidiana donde cada capítulo o par de capítulos tratan algún acontecimiento sucedido a las mujeres de mediana edad – o incluso avanzada, diría yo – de un pueblecito rural llamado, precisamente, Cranford; donde parece que el tiempo pasa a un ritmo distinto y las normas sociales se adaptan a la naturaleza de la mayoría de la población: mujeres viudas o solteras de cierta edad, que viven con distintos ingresos pero se consideran de clase elevada y desean mantener relaciones cordiales.

Esta premisa puede sonar insulsa a cualquiera que no disfrute de series televisivas estilo sitcom – aunque Gaskell no usa tantos recursos cómicos absurdos, lo cual se agradece. Pero, maldita sea, Cranford es una novela increíblemente entretenida si te gusta ver la vida cotidiana y las preocupaciones mundanas de un grupo un tanto atípico de mujeres en el mundo rural del periodo victoriano.

Se presentan situaciones como la llegada de nuevos vecinos, entierros, quedadas para jugar a las cartas, la visita de una especie de vidente o mago oriental y  muchas otras pequeñas aventuras que muestran la personalidad de cada una de las mujeres que conviven en el pueblo. Los numerosos detalles que Gaskell ofrece sobre la vida cotidiana de la clase aristocrática baja o incluso de la “clase media” inglesa victoriana le da una riqueza a esta narración muy especial.

Por poner un ejemplo, en un capítulo habla de las manias ahorradoras de una de sus anfitrionas – la narración la lleva a cabo una mujer que va de visita a Cranford en numerosas ocasiones porque aprecia especialmente el pueblo y sus habitantes, pero que vive fuera y tiene una pespectiva un poco más externa – y puedes ver detalles como el de evitar encender muchas velas para ahorrar cera pero ir alternando las dos de la salita, de modo que, si viene una visita, no se de cuenta de esta manía ahorradora y piense que ambas velas han estado siempre encendidas a la par.

Son estas cosas las que me encantaron de Cranford.

También encontramos pequeños viajes al pasado de algunos personajes, reviviendo sus memorias gracias a la curiosidad y las preguntas atinadas de nuestra narradora. Todos esos momentos crean un marco histórico rico en detalles, pues nos muestra la vida pacífica y tranquila de unas mujeres que no quieren soltarse del pasado para entrar en la nueva vida moderna. En un periodo trascendental y de cambio constante como el de la industralización inglesa del XIX, estas mujeres siguen unas costumbres y tradiciones propias de otro tiempo y escapan, de tanto en tanto, a dicho mundo, recorriendo sus propios recuerdos o las historias que conocen de otros habitantes que viven en Cranford o que vivieron en su tiempo.

Hay una dulzura especial en como Gaskell trata estas historias o a estas mujeres y creo que eso es lo que hace de Cranford una novela redonda y especial. Con sus idas y venidas, que pueden parecer pequeñas desde fuera pero son enormes en la subjetividad de aquellos que las sufren, acostumbrados a un ritmo de vida más lento.

Quizá no sea la recomendación que le haría a alguien que no haya leído nada de Elisabeth Gaskell o del periodo victoriano, pero no puedo evitar recomendarla a todos aquellos que disfruten con la maestría de esta autora o ya hayan oteado – y disfrutado – el mundo de la novela victoriana.

Es una novela tan dulce que me atrevería a decir que se ha convertido en una de mis favoritas – en especial para esos días en que necesitas leer algo ligero y agradable, pero con un trasfondo relevante.

P.D.: gracias a María Faidella por la brillante traducción. Tengo que acostumbrarme a reconocer el mérito que tienen los traductores cuando no leo en el idioma original. Me disculpo por mi falta de tacto hasta el momento.

Libros

La importancia de llamarse Ernesto y Una mujer sin importancia – Oscar Wilde

Oscar Wilde no es para mi. Es una afirmación que quiero dejar clara desde el principio, pues comprendo que, pese a que a mi no me ha gustado, es un buen escritor y su obra tuvo importancia en su tiempo. Pero el problema está en que su modo de hacer una crítica a través del humor satírico me saca de quicio. Desee abandonar la lectura de ambas obras de teatro en varias ocasiones – y eso que son cortitas.

Sin embargo, reconozco que los temas que trata son importantes: el excesivo valor que le daba la sociedad de su época a los títulos, la superficialidad de la sociedad aristocrática en decadencia, la horrible situación de la mujer respecto al hombre, el nacimiento de Estados Unidos como “tierra de las oportunidades”…; pero, maldita sea, detesto cómo los presenta.

Sus personajes me resultan molestos, incómodos o excesivamente prototípicos. Pocos se salvan para mi de ser un desastre, y suelen ser los más puritanos o menos tratados por Wilde. Es por esto por lo que digo que Oscar Wilde no es para mi.

unamujersinimportanciaAhora bien, dentro de estas dos obras, me quedo sin lugar a dudas con Una mujer sin importancia. Siento que, al menos, hay unos cuantos personajes que son aceptables e incluso respetables y, pese a la existencia de conversaciones que me sacaron de quicio profundamente – entiendo que son una muestra de la actitud irreverente de los jóvenes aristócrastas del momento, pero en fin -, trata el tema de la pérdida de la virtud de la mujer, la injusticia de un trato desequilibrado entre mujer y hombre cuando se produce una relación inapropiada – previa al matrimonio – y la cuestión de la culpabilidad, pero con un matiz tan realista – merece la pena haberse quedado embarazada en una situación tan desagradable porque el niño es el mayor amor de su madre – que me llegó a conmover un poco.

Quizá peque de darle demasiado valor a la población norteamericana, pero puedo comprender que Wilde viese en esos estadounidenses progresistas y trabajadores una sociedad más envidiable que la sociedad en decadencia británica – también admito que a veces me pierdo con las intenciones de este hombre y quizá sea completamente al revés.

laimportanciadellamarseernestoPor otro lado, La importancia de llamarse Ernesto creo que es una obra más graciosa en sí misma, con escenas que carecen por completo de sentido y personajes que exageran hasta el extremo cuestiones que parecían relevantes a la sociedad de su época. Puedo entender que resulte graciosa para muchos lectores, pero para mí sólo fue entretenida y altamente olvidable. No siento que cuente con la profundidad de Una mujer sin importancia, pero sí comparte lo que yo considero defectos en ella, de modo que fue una decepción para mí.

Sinceramente creo que Oscar Wilde era un buen escritor, que señalaba directamente las taras que veía en el entorno que le rodeaba y que sabía hacerlo tras un velo lo suficientemente grueso como para evitar, en la medida de lo posible, la represión derivada de exponer las taras de su realidad. Pero a mi no me gusta su forma de crear personajes o la excesiva sátira de sus palabras y sus escenas. Quizá sea algo reducido a las obras de teatro – nunca llegué a acabar El retrato de Dorian Grey -, pero sé que este autor no es uno al que pretendo regresar.

Por todo ello, no me atrevo a recomendar al autor, pero tampoco a no recomendarlo. Es una relación de desagrado tan basada en mi subjetividad que creo que la opinión puede ser muy distinta si el lector es otro. Así que, la única actitud que puedo animaros a adoptar es la de leer algo de Oscar Wilde y juzgar por vosotros mismos.

P.D.: ¡Conseguí leer todo lo que me había propuesto para este Victober! Me premiaré con una buena taza de té y algún otro libro victoriano al que le tenga más ganas.

Libros

La inquilina de Wildfell Hall – Anne Brontë

inquilinawildfellhallHace ya tiempo que la inestimable María Teresa, autora del blog In the Nevernever, me recomendó este libro cuando le pregunté qué podía leer de novela victoriana. En su momento estaba a otras cosas, pero me pareció que el Victober podía ser la oportunidad idónea para ponerme con él.

He de admitir que al principio me imponía un poco. El comienzo del libro me resultó lento, Gilbert Markham considerablemente cretino y Helen Graham un poco insoportable para mi gusto. Supongo que esta era la idea de Anne Brontë cuando lo escribía: presentar una imagen de los personajes que luego cambiaría radicalmente. Demostrar, de este modo, la gran cantidad de prejuicios que puede tener una persona que ve la historia desde fuera, sin conocer el trasfondo. Esto, por supuesto, se aplica en especial a Helen, pero la forma de afrontar las cosas por parte de Gilbert también puede mejorar enormemente la opinión del lector.

Me temo que es difícil hablar de la trama de este libro sin caer en los temidos spoilers, pero creo que es una representación tan fidedigna de la realidad que tenían que sufrir las mujeres en el periodo victoriano que merece ser leída. Evidentemente, hay ciertas cosas que una mentalidad del siglo XXI – y más aún una mentalidad atea como la mía – encuentra complicadas de entender. Y, sin embargo, las emociones que traslucen todos los personajes son tan comprensibles a pesar de todo el tiempo que ha transcurrido entre la realidad de la autora y la actualidad, que asombra ver como hay sentimientos que pueden traspasar las barreras del tiempo, el entorno y las condiciones socio-económicas.

El libro tiene momentos desgarradoramente duros y muestra la verdadera cara de un periodo donde las mujeres tenían pocos derechos – por no decir ninguno – y no era posible una existencia sin algún tipo de marido – o verse expuesta a la vergüenza y el prejuicio de ser una “solterona”. La total dependencia que sufren las mujeres de este libro de los hombres de su vida – padres, tíos, hermanos o maridos – llega a ser sofocante para una mujer como yo, nacida y criada en el siglo XXI, donde las diferencias siguen siendo evidentes e injustas, pero donde, al menos, tengo la posibilidad de tener cierta independencia gracias a los derechos conquistados por la lucha de mis antepasadas.

Es también interesante el retrato de la religiosidad de la época. Tal como sucedía con Gaskell, Anne Brontë recurre en numerosas ocasiones a una espiritualidad que yo no soy capaz de compartir, pero que es muy real para los protagonistas. En especial para Helen Graham, que dedica su vida a alabar la importancia del servicio y el sometimiento a Dios, así como a recurrir a su ayuda y a seguir confiando incluso en los momentos más duros. Y son los personajes más religiosos o más respetuosos los que terminan teniendo el mejor final. Aquellos que no creen o que se dejan llevar por los vicios de la vida terrenal acaban mal. 

Por tanto, pese a sus virtudes y al maravilloso reflejo de la realidad femenina en el XIX, la obra es profundamente moralista en lo referente a la devoción religiosa, la temperancia, la capacidad de mantener las virtudes propias de la época y el respeto a las imposiciones de la sociedad, cuya ruptura sólo se justifica como respuesta desesperada al peor tipo de maltrato imaginable para sus contemporáneos. En este sentido, La inquilina de Wildfell Hall se aleja mucho de mi forma de ver el mundo o de mi sensibilidad.

Sin embargo, recomiendo su lectura, advirtiendo que, aunque el inicio puede ser algo lento, cuando la narración pasa a manos de Helen Graham – y pese a que la faceta moralista del libro se intensifica cuando ésto sucede – es mucho más interesante. En especial para quien sienta interés y empatía en relación a la situación de las mujeres de clase media/alta en el periodo victoriano.

Ha sido una buena lectura en este Victober. Y, aunque, de algún modo no he llegado a disfrutarla tanto como Norte y sur de Gaskell, me ha gustado mucho. Me alegra haberme animado a darle una oportunidad a la novela victoriana este octubre y sospecho que algún otro título del periodo irá cayendo en adelante.

Libros

Norte y Sur – Elisabeth Gaskell

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No voy a negar que he disfrutado de “Norte y sur” de Elisabeth Gaskell. Y me atrevería a decir que me ha gustado mucho, pero creo que es más cuestión de que me gusta esta autora en concreto que el género “victoriano”. Si bien es cierto que Jane Austen es anterior – del periodo de la Regencia – nunca he conseguido acabarme uno de sus libros. Y de Gaskell ya disfruté en su día “La casa del páramo”, para mi sorpresa.

Digo para mi sorpresa porque Gaskell es una autora que se interesa más por la cuestión religiosa que Austen y no es algo que me llamen especialmente la atención (lo referente a la organización eclesiástica sí, peor un nivel más espiritual no).

Sin embargo, Gaskell hace un trabajo fantástico definiendo las personalidades de sus protagonistas – e incluso de los secundarios – reflejando siempre una reacción acorde a los principios que ha sentado para cada uno. También son muy reales las reacciones, tanto a las ofensas como a los sentimientos románticos. Todo ello le da un aire realista que me ha resultado muy interesante.

Además, según tengo entendido, a “Norte y sur” la denominan como la “Orgullo y prejuicio en el periodo de la revolución industrial”; y la verdad es que tiene bastante sentido hasta cierto punto – creo que Gaskell hace mejor trabajo convirtiendo sus personajes e individuos redondos que Austen, pero eso es una preferencia personal -, pues ambas historias hablan de los prejuicios y las trabas que pueden llegar a ponerse dos personas procedentes de dos entornos sociales distintos cuando se presenta la oportunidad de conocerse e incluso llegar a enamorarse.

También veo un paralelo en el modo en que se desarrolla la relación, aunque he de admitir que considero al señor Thornton más honesto y con mejor corazón que al señor Darcy – aunque sea un patrón de fábrica y en ese sentido me cueste un poco apreciarle, teniendo en cuenta el conocimiento que tengo del tratamiento a los obreros en el periodo de la revolución industrial.

Pese a todo ello, algunos personajes son un poco un cliché – estoy pensando en Edith, por ejemplo – o esa es la sensación que me dio a mí. Del mismo modo hay otros con los que no llegué a empatizar lo suficiente – como me pasó con la señora Hale o con Dixon.

Y he de admitir que a partir de la página cuatrocientos o cuatrocientos y algo los hechos se suceden a una velocidad desconocida con anterioridad en la novela y Margaret se ve envuelta en un movimiento constante que me resultó algo apresurado. Quizá por la tranquilidad de los primeros capítulos de la novela.

Con todo, me gustó mucho “Norte y sur”. Es la novela del periodo victoriano que más me ha gustado hasta el momento – tampoco es que haya leído mucho del periodo, la verdad, pero la comparación la puedo hacer, al menos, con la propia Gaskell.

La recomiendo sin lugar a dudas como un buen libro con el que iniciarse en este asunto de la novela victoriana y ha sido, sin duda, una buena elección para comenzar el Victober. De hecho, me atrevería a decir que, como bien me dijo mi buena amiga Rocío, me siento afectada por la “fiebre Gaskell” y acabaré leyendo alguna otra cosa – quizá “Cranford” y casi seguro “Hijas y esposas”. Puede que incluso me anime con Dickens.

Sin lugar a dudas este Victober está dando sus frutos con mi persona.

Ciencia Ficción·Libros

Snapshot – Brandon Sanderson

SnapshotLo cierto es que me encontré Snapshot de Brandon Sanderson de manera casual. Bookdepository consideró oportuno recomendármelo como posible compra futura y, maldita sea, llamó mi atención. Aunque finalmente me lo compré en edición Kindle en Amazon y creo que eso no era exactamente lo que buscaba.

Snapshot es una novelita corta escrita por Brandon Sanderson el año pasado que, hasta donde he podido ver, sólo está disponible en inglés, que es en el idioma en que una servidora lo ha leído. En concreto me compré esta edición para Kindle, por si resulta de vuestro interés.

Sorprendentemente tiene sólo 98 páginas, algo que me desconcertó para tratarse de Sanderson. Pero después de leerla creo que simplemente fue una idea interesante que se le pasó por la cabeza y que no consideró lo suficientemente desarrollada para profundizar en ella.

Esencialmente seguimos a dos detectives, Davis y Chaz, al interior de un Snapshot, la recreación perfecta de un día concreto de la realidad. El propio Davis comenta que no se sabe muy bien cómo funciona el sistema que da vida a los Snapshots – esto es lo que me hizo pensar que Sanderson se vio un poco metido en camisas de once varas y decidió hacer más simple y corta la historia -, pero se supone que todo ocurre tal como sucedió en la realidad a no ser que se introduzcan “desviaciones”; es decir, algo o alguien esté donde no debía estar en un momento determinado o haga algo que no debería haberse producido antes o durante dicho momento.

Puede sonar  complicado puesto así sobre el papel sin más, pero conforme vamos leyendo se vuelve más intuitivol. Y lo mejor de la novela no es el sistema Snapshot en sí, si no las posibilidades que este sistema abre. Las dudas que genera el hecho de poder revivir, ahora conociendo lo que sucederá, un día concreto, con la capacidad de cambiar los hechos que ello conlleva.

Ese acento en el factor humano está muy logrado, pues al final la novela funciona mejor como historia noir en una ambientación poco tradicional u ortoxa más que como una novela de ciencia ficción. Es el desarrollo de la trama, la información que se va filtrando por los recovecos de cada acción o los sentimientos de cada personaje y los giros inesperados los que hacen de esta novelita una lectura muy entretenida.

¿La recomiendo? Lo cierto es que sí. No lleva mucho tiempo leerla y tiene reflexiones muy interesantes sobre el ser humano, el tiempo, los recuerdos o la identidad.

Lo único que no me convenció del todo fue el final. Quizá demasiado brusco. Quizá con demasiados giros. Me quedé un poco con la sensación de que podría haber cortado antes la historia o haber cambiado las últimas páginas. Pero, por lo demás, es una novelita que recomiendo, en especial a los fans de las series de detectives y policías, como una servidora.

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A Snapshot le puse en Goodreads una nota de 3,5/5.

Libros

Victober

¡Ya ha llegado octubre! Es probablemente uno de mis meses favoritos del año – si no el favorito – y siempre suelo embarcarme en proyectos personales o colectivos a estas alturas del año. Es como si este mes me inspirase a hacer cosas – aunque luego las deje a medias porque soy un desastre.

Llevo ya unos años intenando cumplir con mi proyecto personal de escribir un relato diario de 500 palabras para lo que yo he venido en llamar Wordtober. Nació de mi deseo de imitar el Inktober de los ilustradores pero para gente que prefiere escribir, como es mi caso. Tengo un blog independiente para este asunto y espero seguir con él este año. (Como curiosidad, he descubierto que ya alguien había usado el nombre Wordtober para otra clase de proyectos similares y, maldita sea, me gusta que todos pensemos parecido).

Pero, como evidentemente soy masoquista o algo parecido, este año también me he animado a acompañar a mi mejor amiga en una aventura que a ella le hace mucha ilusión: el Victober.

En lo esencial se trata de una iniciativa puesta en marcha por la comunidad booktuber – quizá más bien nació en el mundo de los blogs escritos, pero yo la he conocido gracias a un vídeo de dicha comunidad – mediante la cual pretende promoverse la lectura de clásicos de la época victoriana.

No tiene mucho misterio: a lo largo del mes de octubre la idea es leer libros de ese periodo. Simplemente con hacer eso, ya estás participando en la iniciativa o proyecto. Pero, además, las booktubers que llevan el grupo de Goodreads proponen otros “subretos” que pueden ser una buena guía para hacer frente al victober:

1. Ange’s challenge: Read a book by a Victorian female author (bonus: one that’s new to you)
2. Kate’s challenge: Reread a Victorian book
3. Katie’s challenge: Read a Victorian book under 250 pages and/or over 500 pages
4. Lucy’s challenge: Read an underrated Victorian book from the same year as your favourite Victorian classic
5. General challenge: Read by candlelight

En lo personal no me veo capaz de cumplir con dichos subretos, pero os los dejo aquí por si os interesan. Lo que sí he pensado es en la lista de obras que quiero leer el mes de octubre. Es excesivamente ambiciosa, más aún teniendo en cuenta que quiero completar el Wordtober y que tengo vida más allá de todo esto. Pero soñar es gratis.

Estos son los libros que tengo en mente leer a lo largo del mes:

  1. Norte y Sur, de Elisabeth Gaskell (recomendación de mi queridísima Rocío).
  2. La inquilina de Wildfell Hall, de Anne Brontë (recomendación de María Teresa).
  3. La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde.
  4. Una mujer sin importancia, de Oscar Wilde.

Las dos obras de Wilde son cortas, pero las otras dos son considerablemente largas para mi, pues apenas he leído libros de esta época y sé que serán un reto en cuanto a estilo y contenido. Como fan de la fantasía y la ciencia ficción, he disfrutado en numerosas ocasiones de obras de realismo español del siglo XX o de realismo magico, pero casi nunca me he atrevido con cosas anteriores y realistas. Como mucho Persuasión de Jane Austen.

Quizá este mes de octubre me abra una nueva puerta hacia otro estilo literario que no sabía que me gustaba y acabe por encantarme. Y, si no, al menos habré salido de mi zona de confort. Por supuesto, si consigo leerme los cuatro libros, tendréis reseña aquí en mi blog.

¿Alguien más se apunta?

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La foto no tiene relación, pero me gusta mucho como salen Perséfone y Alejandra